jueves, 20 de febrero de 2014

Cuento corto en Homenaje a Bialet Massé x Ulises Barreiro

BIALET MASSE


Amaneció un gris día de noviembre, la temperatura era bastante baja. Si mal no  recuerdo era un día 19 del año 1888. Hace un tiempo que ya estaba radicado en la  Ciudad de Córdoba, por estos días estaba viniendo el presidente de la Republica  Argentina, el Dr. Roque Sáenz Peña a dar un discurso. Yo no era partidario del pero  como buen amante de la política, no me perdería ese discurso de gala. Aunque siempre  que salía de un discurso político me preguntaba:
 ¿Qué hubo aquí? 
¿Qué había aquí?
¿Qué fue esto?...  

Siempre me hacia esas preguntas pero nunca encontraba respuestas a estas preguntas.

Hacia unos minutos que permanecía despierto en mi cama sumergido en estos pensamientos, así que decidí levantarme y engalanarme. Luego fui hasta la cocina y doña Clota me sirvió un rico café. A todo esto abrí la ventana que daba a la calle y recite mi frase de cabecera desde que supe que mis días estaban contados porque la parca del destino ya me tenía agendado. “Morir como se nació, y vivió, subir y siquiera vislumbrar el paisaje de la cumbre, es hermoso morir y si es locura, es locura hermosa del destino” algún transeúnte ocasional agendo mis dicciones que luego el tiempo inmortalizaría. Yo sabia que una dolencia me aquejaba por eso cada instante de mi vida al menos de la vida que me quedaba era sagrado. Si un ser humano vive un promedio de 70 años y eso da 25550 días de vida, ami me quedaba poco tiempo como a ustedes. Terminado mi café cerre la venana y me abrigue bastante antes de salir de la casa, pues había quedado en encontrarme con unos amigos en una galante pulpería no muy lejana de mi casa. Antes de subir al caballo, mi vista se poso sobre el esplendor de las sierras cordobesas que a lo lejos me saludaban. Yo sentía que ver esta imagen me daba tranquilidad y paz.

Ya subido en mi yegua, a la cual la había bautizado con el mismo nombre que mi hija quien había nacido unos años atrás con el nombre de “Zoida”, era una hermosa yegua… Salude al personal que trabajaban en casa y Salí. Así deje esa mañana la casa ubicada en la calle Dean Funes 228. Mientras montaba hacia la pulpería, pensaba en el informe que me habían solicitado un grupo de personas entre ellos mi amigo personal Bonifacio Lastra. El informe era sobre el movimiento Obrero en el interior de la Republica Argentina. Este tema a la hegemonía gobernante les comía el coco… Cabalgue no mucho por unas lindas calles empedradas hasta que llegue al lugar del encuentro. Se trataba de un esplendido bar, ya en la puerta un peón gentilmente se acercó y se llevo el caballo hasta el establo del bar el cual quedaba en la vereda de enfrente. Eran tan solo las 10 de la mañana y el lugar estaba abarrotado, pareciera pensé que la visita del Dr. Sáenz Peña había revuelto la casta política de la ciudad. Mire detenidamente todo haciendo cuanto acontecía en el lugar, haciendo un paneo con mi vista de 360° y observe todos los detalles que tenían que ser vistos para mi mente humana. 

Hasta vi un pequeño alacrán que caminaba felizmente por una viga de madera en el techo. Sin embargo este alacrán al compararlo con otros seres humanos que estaban allí presentes sentados… era tan solo una dulce criatura sin veneno. Encontrando mi objetivo en la mesa que me interesaba vi a Bonifacio Castro quien estaba acompañado de Manuel Lucero, el rector de la universidad de Córdoba y junto a ellos había dos hombres más uno era Nicolaus Kraus y el otro Martín Velasco. Al verme se pararon y lentamente se
sacaron el sombrero como ademán de cortesía para saludarme. A todo esto yo pensaba “ustedes creen que me matan, yo creo que se suicidan”. Devolví el saludo con gentileza y tome asiento junto a ellos en la mesa. Luego de algunas palabras protocolares, el moso se acerco y pedí un aperitivo como el que estaban tomando en la mesa un conjuro a base de hiervas. Los presentes tenían apuro por que dijiera mi informe así que comencé a desplegar mi ejercito anarquista de palabras que salieron de mi Boca, con el objetivo
de desorientar a algunos de estos sujetos, y remate mi informe con mi himno “Morir como se nació, y vivió, subir y siquiera vislumbrar el paisaje de la cumbre, es hermoso morir y si quiera vislumbrar el paisaje de la cumbre, es hermoso morir y es locura, es locura hermosa del destino”. Después de esto hablamos sobre banalidades del mundo moderno, como lo es el increíble desarrollo del ferrocarril, que no paraba de extenderse por todo el país… Incluso Bonifacio llego a decir que si los ingleses seguían así llevarían con su imperialismo el tren hasta la Antártida… En fin pareciera que la ciencia y el progreso no tuviera fin. Entendiendo al fin como final de un instante que se va y de otro que comienza, o sea un sinfín cíclico e interminable de algo llamado tiempo



FIN
Ulises Barreiro


(Escritor)

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